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Principio de Precaución, Turismo y Antártida PDF Imprimir Correo electrónico
Por Santiago Aramburu

INTRODUCCION

En una época en la que la salud, la integridad física y la supervivencia individual y colectiva de las personas y los pueblos se encuentran constantemente amenazadas por diversas causas tales como los conflictos armados, la delincuencia, los accidentes, los enfrentamientos étnicos, el terrorismo, o los intereses económicos; las que atañen a los problemas ambientales no son, en absoluto, de un orden menor. Es mas, si uno se detiene a pensar, y ratificando lo afirmado anteriormente en cuanto a la importancia prioritaria que posee o deberían poseer los problemas ambientales, si se incrementasen aún más, las demás causas pasarían a un segundo plano o inclusive dejarían de existir.
En la actualidad, es cada vez más común ver como se amplía la magnitud de las amenazas ambientales. Los ecosistemas se degradan a nivel planetario, los recursos se agotan a la misma escala. De entre todas las amenazas, la del cambio climático es sin duda la mas grave, hasta alcanzar extremos que nuestra imaginación apenas comienza ahora a vislumbrar de la mano de una evidencia científica cada vez menos discutible.[1] Los problemas ambientales que venimos arrastrando desde hace décadas, exigen un importantísimo replanteamiento conceptual, metodológico y hasta ético para su adecuada comprensión y resolución.[2]
 
El principio de precaución surge en este contexto de búsqueda de herramientas analíticas que den respuestas y combatan a las amenazas planteadas en el párrafo anterior, y que puedan ser transformadas en instrumentos políticos, y/o legales.
Este principio, cuyos orígenes se remontan al primer tercio del siglo XX, fue consolidándose en los temas de directa relevancia para la salud humana como el efecto del uso de productos químicos o de la descarga de contaminantes y se constituyó en una herramienta de apoyo a los países en desarrollo, cuyos medios científicos no les permitían cuestionar de manera fehaciente los supuestos planteados por el mundo desarrollado en cuanto a la inocuidad de tales sustancias. La evolución del principio lo incorpora también a materias vinculadas al manejo de los recursos naturales como las áreas forestales, pesqueras y biotecnológicas pasando a ser un tema de discusión en distintas instancias referidas al comercio internacional. Es en este orden de ideas que intentaré, a través de este artículo, incluir al principio en la temática turística. 

Primeramente aludiré a los orígenes y al concepto del principio de precaución; mencionaré algunos casos en los que no se ha adoptado y las consecuencias resultantes; y nombraré varios de los convenios y/o protocolos internacionales que hacen referencia al principio. De esta manera, podré darle un marco a la segunda parte del artículo que será acerca del turismo en la Antártida. Sus orígenes, su situación actual, su marco normativo priorizando al efectivo y conocido Tratado Antártico, y su última reunión consultiva en Nueva Delhi, India. Finalmente, uniré ambas temáticas en una conclusión final.

PRINCIPIO DE PRECAUCION

El origen del principio se remonta, según algunos autores (Boehemer, 1994), a la tradición sociopolítica germana surgida en el apogeo del socialismo democrático en 1930, basado en el principio del “buen manejo doméstico”. Se consideró una asociación constructiva entre el individuo, la economía y el Estado para afrontar los cambios a fin de mejorar la relación entre la sociedad y la naturaleza de la que se dependía para sobrevivir. Esta condición le otorgaba al principio precautorio una aptitud de administración o programación, lo que representaba un rol orientador para la futura acción política y regulatoria. Sostiene Boehmer que el concepto alemán de “Vorzorgeprinzip” implica mucho más que la simple traducción de planificación preventiva. Sostiene el autor que el concepto absorbe también nociones de prevención de riesgo, y costo efectividad. Significa, en parte, darle a la naturaleza opciones de acomodarse a la interferencia humana, por lo que la precaución asume que pueden cometerse errores. Para los alemanes, por lo tanto, la precaución es una medida de intervención, una justificación de la participación del Estado en la vida diaria de los actores sociales en nombre del buen gobierno. La planificación en la economía, en la tecnología, en la moral y en las iniciativas sociales, puede justificarse por una interpretación amplia y abierta de la precaución. Esto es justamente lo que hace a la precaución ser al mismo tiempo temida y bienvenida.[3]

Hoy en día existe una gran variedad de definiciones del principio. Sin embargo, “adoptar medidas protectoras del medio ambiente aunque no haya una certeza científica absoluta de que se lo afectará debiendo haber siempre un peligro de daño grave e irreversible”, es la que utilizaré para el presente artículo. Lo que se busca es actuar antes de contar con la evidencia científica incuestionable.
Es decir, cuando se tiene la incertidumbre acerca de los impactos negativos de una determinada actividad sobre el medio ambiente o la salud, en vez de asumir que las actividades humanas pueden continuar hasta que se tenga una clara evidencia de que son perjudiciales, este principio apoya acciones que buscan evitar y prever daños ambientales por anticipado.[4]
Un claro ejemplo de la aplicación de este principio se da con la explotación de los recursos minerales en la Antártida[5], teniendo este caso sus propias características que se describirán mas adelante.
Más allá de la las discusiones acerca del concepto del principio de precaución que tengan especialistas, autoridades públicas, activistas, académicos, no académicos y/o de quienes trabajen de un modo u otro con el principio, hoy por hoy al mismo se le pueden asignar determinadas características indiscutibles, a saber:
  • Tiene que existir una amenaza de daño (peligro o riesgo).
  • La amenaza se tiene que producir en una situación de incertidumbre científica.
  • La voluntad de proteger prevalece por sobre la suposición de que el sacrificio es inevitable.
  • Se produce una acción para prevenir el daño o mejor dicho para proteger el bien en cuestión.
  • Las medidas que se tomen para evitar el daño deben ser proporcionales con respecto a la magnitud del mismo.[6]

Resulta apropiado hacer referencia al trabajo elaborado por la AEMA (Agencia Europea de Medio Ambiente, órgano descentralizado de la UE) en el que proporciona directrices para la aplicación del principio de precaución en el futuro, centrándose en casos prácticos ocurridos en el pasado y que no lo han aplicado, provocando un resumen de sus negativas consecuencias.
Entre los casos más destacados en mi opinión, no se pueden dejar de mencionar a:

I. La expansión del uso industrial del benceno como disolvente desde principios del siglo pasado estuvo acompañada por incrementos de los casos denunciados de anemia y de leucemia inducidas por benceno. Pero los niveles de exposición al benceno no se redujeron a tenor de los datos de toxicidad disponibles y las enfermedades continuaron durante 6 décadas del siglo XX. Sólo ahora el uso del benceno con disolvente está regulado.

II. En 1898, los peligros serios por trabajar con amianto fueron identificados. Las advertencias que siguieron se ignoraron y se necesitaron décadas para que las primeras regulaciones, vigilancias médicas y medidas compensadoras fueran establecidas en 1931. Se fue acumulando evidencias, pero sólo en 1969 se introdujeron nuevas regulaciones. Pero estas medidas no contemplaron los peligros de cáncer de mesotelioma y pulmones.

III. La producción industrial de CFC (Clorofluocarbonos) creció enormemente hasta los 70’. Nadie se preguntó si este crecimiento era sostenible. El informe de 1985 mostrando la destrucción de la capa de ozono en la Antártida sólo fue posible como parte de su programa de vigilancia a largo plazo, originalmente diseñado para satisfacer la curiosidad científica. Los resultados sorprendieron a todo el mundo. El Protocolo de Montreal de 1987 y las modificaciones consiguientes para reducir la producción y emisiones se ha pregonado como un gran éxito. Pero la sustitución inicial por HFCFC (Hidroclorofluocarbonos), luego también controlados, prueba que las alternativas no se evaluaron adecuadamente. Las partes del Protocolo primaron siempre el consenso.

IV. El valor indudable de los rayos X y radioisótopos para la diagnosis y terapia médicas significó que las cautelas se despreciaran, y se necesitaron varias décadas hasta implantar controles de la exposición de los trabajadores y del público. La historia de la protección a las radiaciones se ha caracterizado por la falta de precauciones a pesar de las lucidas advertencias desde su aplicación hasta ahora. Sólo ahora, más de 100 años después, la legislación recoge en forma estricta la protección a las radiaciones.[7]


No sin dificultades a lo largo de estos últimos años el principio de precaución ha ido afianzándose como un elemento dentro del ámbito político y jurídico de numerosos países y, sobre todo, a nivel europeo e internacional (esta incluido en el proyecto de Constitución Europea en su apartado de medio ambiente). A pesar de los problemas suscitados, el principio representa una herramienta valiosa en la configuración de un nuevo paradigma (inaplicabilidad del análisis convencional de riesgo y de coste-beneficio) para las políticas públicas requeridas por los desafíos presentes y futuros.

El concepto del principio precautorio es nombrado implícita o explícitamente en innumerables documentos oficiales, declaraciones, convenciones, conferencias, entre otros. Intentaré enumerar algunos de ellos, haciendo la aclaración de que seguramente dicho listado sea incompleto, pero buscando ofrecer una guía confiable adonde poder acudir:
- Protocolo de Montreal, 1987.
- Declaración Ministerial de Bergen sobre el desarrollo sostenible en la región de CEE, 1990.
- Declaración Ministerial de la Tercera Conferencia Internacional sobre la Protección del Mar del Norte, 1990.
- Protocolo del Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (art.7), 1991.
- Conferencia de la Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo – “Declaración de Río”. Principio 15, 1992.
- Convenio sobre la protección y utilización de los cursos de agua transfronterizos y de los lagos internacionales (art.2), 1992.
- Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (art.3), 1992.
- Acuerdo de la Organización Mundial del Comercio sobre la aplicación de medidas sanitarias y fitosanitarias (Ronda de Uruguay, art.5), 1993.
- Tratado de Maastricht sobre la Unión Europea, 1994.
- Plan de Acción de Biodiversidad del Reino Unido, 1994.[8]
- Tratado sobre la Carta de la energía de la Comunidad Europea (art.19), 1994.
- Acuerdo de las Naciones Unidas sobre las Poblaciones de peces (art.6), 1995.
- Tratado de Ámsterdam (art.175), 1997.
- Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad relativo al transporte, manipulación y utilización seguras de Organismos vivos modificados (Preámbulo), 2000.
- Comunicación de la Comisión Europea sobre el recurso al principio de precaución COM (2000), aprobada por Resolución del Parlamento Europeo, diciembre de 2000.
- Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes (Preámbulo), 2001.
- Directiva 2001/18/CE del Parlamento Europeo y del Consejo sobre la liberación intencional en el medio ambiente de organismos modificados genéticamente, 2001.
- Reglamento 178/2002 sobre seguridad alimentaria de la Unión Europea (art.7), 2002.
- Reglamento relativo al registro, la evalnacion, la autorización y la restricción de las sustancias y preparados químicos, 2003.
- Tratado por el que se establece una Constitución para Europa (pendiente de ratificación por los Estados Miembros), 2004.[9]
 
Muchos de los documentos oficiales mencionados se refieren a temáticas puntuales como pueden ser las sustancias químicas, alimentos, energía, o bien la utilización de las aguas transfronterizas; sin embargo, no se ha dicho nada específicamente aún acerca del turismo. Surge entonces el interrogante: será necesario, o bien esta actividad, que crece sostenidamente desde 1950 (con contadas excepciones),[10] no afecta lo suficientemente al medio ambiente como para poder llegar a provocarle un daño grave e irreversible, y por tanto, aplicar el principio precautorio. Analizaremos a continuación el interesante caso Antártico.

TURISMO Y ANTARTIDA

Diferentes fuentes coinciden en apuntar que el descubrimiento del continente blanco corresponde al explorador español Gabriel de Castilla en 1603, de acuerdo con el testimonio de 1607 de un marinero holandés que navegara con él, y una publicación también holandesa de 1622.[11] Ya en el siglo XVIII era frecuente que 'foqueros' (cazadores de focas) especialmente españoles e ingleses se acercasen a las Antillas del Sur y a las costas de la península Antártica. Sin embargo, se hicieron mas frecuentes las visitas a principios del siglo XIX cuando cazadores de focas y ballenas permanecían el tiempo necesario para sus actividades de recolección y luego salían antes del inicio del crudo invierno.

Ya en el siglo XX y al final de la década del 50’ comenzaron las visitas turísticas a la Antártida. En el caso Argentino, el movimiento turístico se inició en 1957-58 con el buque Les Eclaireurs[12] (en concordancia con el Año Geofísico Internacional). Se empezaron a frecuentar las islas Shetlands del Sur y la costa noroeste de la Península Antártica, ya que la zona es de fácil acceso y en verano el clima es moderado.[13]

Los primeros vuelos sobre el continente blanco se realizaron a principios de la década del 50’ a través de sobrevuelos y lanzamiento de correspondencia en paracaídas. El primer sobrevuelo data del año 1953 con el avión Cruz del Sur desde Río Gallegos el 11 de febrero hasta las islas Shetland del Sur, llevando a bordo al Comando en Jefe de la Fuerza Aérea Argentina y al Comandante Aéreo de Transporte Interino. El primer aterrizaje se ejecuta a través de la “Operación Meteoro” con el avión C-47 TA-33, que despega de Río Gallegos, el 2 de noviembre de 1962 y luego de 07:55 hs. de vuelo aterriza en la base antártica Matienzo.[14]
Desde el 29 de octubre de 1969, fecha en que oficialmente fue inaugurada la Base Aérea "Vicecomodoro Marambio" de la Antártida Argentina y que aterrizó un avión Fokker F-27 en vuelo directo desde Río Gallegos, la operación de aeronaves con tren de aterrizaje convencional es cosa de rutina. En forma continua y en cualquier época del año, ya sea en pleno invierno antártico o en los meses de verano, posaron sus ruedas en la helada pista de esa Base Aérea aviones propulsados por hélices o turbohélices, como los DHC-2 Beaver, DHC-6 Twin Otter, Douglas C-47, Fokker F-27 y, los poderosos C-130 Hércules. Pero fue el 28 de julio de 1973 cuando se produjo un hecho que no había ocurrido en ninguna pista de hielo o suelo congelado de todo el Continente Antártico, el aterrizaje de un avión por reacción de transporte comercial, pues no se conoce oficialmente que en pistas de otras bases antárticas hayan operado hasta esa fecha aeronaves de este tipo, ya sea con esquíes, esquí-ruedas o tren de aterrizaje convencional. El avión presidencial Matrícula T-01 "Patagonia", un Fokker F-28 Fellowship, aterrizó en la pista helada de la Base Aérea "Vicecomodoro Marambio de Antártida Argentina. El vuelo se planeó para comprobar el comportamiento de esta máquina en tales condiciones climáticas y asegurar la operación de una importante misión que se llevaría a cabo el 10 de agosto de ese año, para trasladar al Señor Presidente Provisional de la Nación y miembros de su gabinete hasta esa Base Aérea, en ocasión de conmemorarse el Día de la Fuerza Aérea Argentina.[15]

Hoy en día, la temperatura media en esta región es de -17 ºC, llegando a registrarse vientos de hasta 300 kilómetros por hora en la base Argentina Esperanza. Este continente, del tamaño de Europa, es una de las reservas naturales más importantes del planeta. Tiene el 75% de agua dulce y el 90% del hielo de la tierra. Si se descongelase el hielo, el mar subiría entre 60 y 65 metros sobre el actual.

Como dato característico el año 2004 se declaró como “Año de la Antártida Argentina” a fin de conmemorar el centenario de la ocupación permanente e ininterrumpida de nuestro país en la Antártida. Se recuerda así un acontecimiento especialmente significativo en la historia antártica argentina: el izamiento de la bandera nacional el 22 de febrero de 1904 en el observatorio meteorológico y magnético de la isla Laurie, archipiélago de las Orcadas del Sur, hoy Base Orcadas, dónde se instaló también la primera oficina de correos que funciona en la Antártida. [16]
En el mismo orden de ideas, actualmente se conmemora el Año Polar Internacional 2007/2008. Consiste básicamente en una gran campaña mundial de investigaciones y observaciones polares, organizada y coordinada en forma conjunta por el Consejo Internacional de Ciencia (ICSU) y la Organización Meteorológica Mundial (WMO). También se propone despertar el interés y sensibilizar al público en general, pero muy particularmente a los sectores con poder de decisión, sobre la afectación del medio ambiente planetario. El comienzo de estas investigaciones está previsto oficialmente para el 1° de marzo de 2007 y culminará el 1° de marzo de 2009.[17]

En la actualidad, las visitas turísticas se dan por aire o en general por mar (a través de cruceros). Estos alcanzan los sitios más remotos. Es de destacar el incremento significativo que ha desarrollado el sector de los cruceros en los últimos cincuenta años. Inicialmente los destinos de los cruceros priorizaban lugares con playa (especialmente del Mar Caribe), y luego se buscó nuevos y exóticos, dentro de los cuales se destaca el continente antártico. Los barcos suelen zarpar del puerto de Ushuaia, luego se dirigen hacia el sur y cruzan el pasaje Drake en dirección al extremo noroeste de la península antártica, ubicada a unos 1.000 kilómetros de Tierra del Fuego y a dos días de navegación.

Se estima que cerca de 30.000 personas, llegarán este año 2007 a la Antártida para observar de cerca los pingüinos, las focas y las aves marinas además de su único e impactante paisaje natural. A ellos hay que sumar otras 7.000 aproximadamente que pasan en crucero por las proximidades del continente sin desembarcar[18]. Asimismo hay unas 1000 personas que viven durante el invierno efectuando labores de investigación científica distribuidas en las casi 100 estaciones científicas de alrededor de 20 países. En el verano, la población humana se multiplica y llega probablemente hasta 10.000 personas que efectúan labores científicas y de mantenimiento en las estaciones mencionadas.[19]
Hace diez años había cinco veces menos visitantes, según estadísticas de la asociación internacional de operadores turísticos de la Antártida (IAATO). Pero sobre todo ha aumentado considerablemente el tamaño de los barcos. Cada vez más naves de más de 200 pasajeros, como el “Regal Princess” que puede alojar a 1.600 personas, navegan las aguas agitadas del canal de Drake, que separa la península antártica de la ciudad más austral del mundo;[20] o bien el “Golden Princess” que puede llegar a transportar a 2500 pasajeros mas 1200 tripulantes (teniendo una capacidad máxima de pasajeros/tripulación de 4060 personas).[21]

Mas allá, de las diversas reacciones que provoca el crecimiento del volumen turístico en la región, y las modificaciones legislativas que ello conlleve en el futuro, no se puede dejar de mencionar a la normativa vigente.
El sistema antártico está compuesto por los tratados y convenciones que diversos Estados han ido adoptando a fin de regular sus relaciones y de establecer medios para la protección y conservación de los recursos del continente antártico. Estos instrumentos internacionales son: el Tratado Antártico; la Convención para la Conservación de las Focas Antárticas (Londres 1972); la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (Canberra 1980); la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas; y el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente.[22] En cuanto a la Convención para la Reglamentación de las Actividades sobre Recursos Minerales Antárticos, firmada en Wellington (1988) por 33 naciones, no entró en vigor ya que las fuertes objeciones de algunos países llevó primero a dejar en suspenso la Convención y posteriormente, luego de las reuniones del Tratado en París (1989) y Chile (1990), en Madrid (1991) se decidió incluir en el Protocolo al Tratado Antártico el artículo VII, que prohíbe toda actividad relacionada con los recursos minerales, a excepción de la investigación, quedando eliminada la Convención de Wellington del sistema antártico.

De las mencionadas me detendré a analizar el tratado antártico. La firma del Tratado Antártico se produjo el 1ero de diciembre de 1959 en la ciudad de Washington.
Los Estados que lo firmaron originariamente fueron Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, Unión soviética, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y Estados Unidos. Una vez firmado quedó abierto a la ratificación de los signatarios, ya que se había establecido que sólo una vez ratificado por todos los estados firmantes entraría en vigor. Así fue como el 23 de junio de 1961 entró en vigencia y desde entonces otros estados se han adherido (al día de la fecha son 46 los Estados parte). La Argentina junto con varios otros Estados lo ratificó el mismo día de su entrada en vigencia.
Los objetivos del presente acuerdo son lograr mantener al margen cualquier conflicto armado que se pueda suscitar en el continente blanco, y promover la cooperación científica con libertad de investigación. Sin embargo, los tratados subsiguientes fueron priorizando como objetivo la protección medioambiental del área en cuestión.
A los efectos de cumplir con los objetivos mencionados, no se permite el asentamiento de bases militares ni la realización de maniobras o ensayos de armas. Sin embargo, no se prohíbe la presencia de personal o equipos militares destinados a las actividades pacíficas. Esto se debe a las características típicas del continente (clima extremo y dificultades en el acceso, por ejemplo) que exigen la movilización de recursos, tecnología, e infraestructura que en general poseen las fuerzas armadas.
Es dable mencionar el principio de “congelamiento de las controversias sobre soberanía territorial”. El mismo se refiere al congelamiento de pretensiones territoriales durante la vigencia del Tratado, y niega la posibilidad de generar, a través de las actividades llevadas a cabo en el continente, títulos a futuro o reforzar los existentes. Asimismo, deja a salvo los eventuales derechos que pudieren surgir para las partes de sus reclamos anteriores puesto que no implica renuncia o menoscabo a los fundamentos de éstos.
En lo que hace a su ámbito de aplicación temporal, el mismo es indefinido pues no se establece un plazo de terminación. El artículo XII, apartado 2 a), dispuso como primer plazo 30 años contados desde su entrada en vigor y el cual expiró el 21 de junio de 1991 sin que ningún Estado solicitase su modificación.
El tratado Antártico y los asuntos de interés común relacionados con la Antártida son revisados periódicamente en las reuniones consultivas por los Estados partes, tal como está establecido en el artículo IX del tratado Antártico y en el artículo I del Protocolo al Tratado Antártico sobre protección del medio ambiente (Madrid, 1991). La última de las mismas se realizó este año 2007 en Nueva Delhi, India.
La Trigésima Reunión Consultiva del Tratado Antártico (XXX RCTA) se celebró en Nueva Delhi (India) del 30 de abril al 11 de mayo de 2007, acogida por el Gobierno de la India. Más de 300 delegados y expertos de más de 46 países y organizaciones participaron en la Reunión. Durante las deliberaciones, se trataron 45 documentos de trabajo y más de 140 documentos de información, cifra sin precedentes para la RCTA.
Los temas centrales fueron la protección del medio ambiente, el turismo antártico, el cambio climático mundial y la preservación del medio ambiente antártico prístino como continente dedicado a la paz y la ciencia.[23]
Entre otras medidas, la Reunión aprobó una Resolución en la cual recomienda a las Partes que desalienten o no autoricen los desembarcos en el Área del Tratado Antártico de pasajeros de buques que transporten más de 500 pasajeros. Asimismo, Nueva Zelanda presentó un proyecto de Resolución en la que propone que no se proceda con la actividad turística o cualquier otro tipo de actividad no gubernamental que tenga un impacto mayor que mínimo o transitorio en el medio ambiente antártico.[24]
Las Partes Consultivas del Tratado Antártico, han establecido un marco jurídico y directrices normativas para las actividades turísticas en la Antártida, que comprenden:
-          el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente, de 1991;
-          la Recomendación XVIII-1 (1994);
-          la Medida 4 (2004);
-          la Resolución 4 (2004); y
-          la Resolución 4 (2007), “El turismo marítimo en el Área del Tratado Antártico”.[25]


CONCLUSIONES FINALES:

Hemos visto el significado del principio de precaución, sus orígenes, sus características, casos concretos en los que no se ha aplicado y sus consecuencias, y el marco normativo que lo contempla. Hemos examinado el turismo en la Antártida, desde sus orígenes hasta la actualidad, el marco normativo que protege al continente blanco haciendo hincapié en el tratado antártico y destacando algunos puntos de la última reunión consultiva realizada en la India en el año 2007.

Analizado lo mencionado, es difícil no caer en una conclusión que proponga y justifique la implementación del principio de precaución sobre la actividad turística en el continente Antártico, tal como se ha hecho con las actividades relacionadas con los recursos minerales a través del artículo VII del Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Madrid, octubre 1991). De esta manera, no cabría más lugar para el desarrollo turístico en la zona ya que se estaría actuando antes de contar con la evidencia científica incuestionable que demuestre que estamos en presencia de un peligro de daño grave e irreversible.

Sin embargo, considero poco oportuno y necesario al día de la fecha buscar justificar dicha conclusión. Intentaré con el presente artículo contribuir a que estos dos actores (el principio de precaución y el turismo antártico) se conozcan; y reconozcan en el otro la importancia que cada uno de ellos tiene en el desarrollo económico, social, cultural y sustentable de un continente comprendido por sujetos que pertenecen a Estados de todos los continentes.
Es menester que cada uno conozca la existencia del otro. Se miren y se examinen como si fuese una primera cita. Y si ya se conocían desde antes, cosa que considero más que factible por ser ambos harto conocidos por especialistas, autoridades públicas, activistas, académicos, no académicos y/o por quienes trabajan de un modo u otro con ellos, es bueno recordarles la existencia y presencia del otro en diversos ámbitos.
Esto permite reflexionar acerca de la convivencia entre ambos. También es interesante saber que si uno de ellos se aplica y/o se desarrolla sin limitaciones, sin estribos ni planificación alguna, probablemente el otro deje de existir (al menos en el lugar donde se aplique o desarrolle alguno de ellos de manera indistinta).

En otro orden de ideas, si consideramos al turismo como “un instrumento de diálogo entre las civilizaciones”[26] que mejor que desarrollarlo en un terreno regulado por un instrumento jurídico internacional (y que hasta el momento ha sido respetado como ningún otro). En un lugar en el que más allá de los reclamos que se mantienen sobre determinados sectores del territorio,  nadie se siente extranjero. Se trata, en efecto, del escenario ideal para el desarrollo del diálogo entre las diferentes culturas.
Este diálogo podrá servir en el futuro como ejemplo de lo que hay que hacer respecto del desarrollo sustentable de un destino turístico o de cualquier otro emprendimiento económico. Puede servir para ser copiado por otros destinos y no ser visto como un último bastión al que le queda cada vez menos tiempo de vida. En este sentido, el desarrollo turístico planificado puede ser visto como una oportunidad.

Hay que tener en cuenta que desde la temporada 1992/1993 (la temporada de cruceros en la Antártida se extiende desde octubre hasta abril) hasta la 2006/2007 el número de turistas que han visitado el continente blanco, ya sea por mar o por aire, ha ascendido de seis mil setecientos cuatro (6.704) a veintinueve mil quinientos treinta (29.530)[27]. Casi se ha quintuplicado la cifra en casi quince temporadas. A este ritmo y si sigue aumentando a esta velocidad, en los próximos quince años la cantidad de turistas serán lo suficientes como para que el medio ambiente se vea afectado. En este escenario, es probable que las generaciones futuras se enfrenten con daños irreversibles por un lado, y se terminen tomando medidas rápidas e improvisadas que busquen salvar necesidades urgentes por otro. Recordemos que es este medio ambiente natural, y distinto el que atrae a los turistas.

Por tanto, considero que no es necesario llegar al punto en el que se pida a gritos la aplicación de un principio que prohíba las visitas turísticas. Por el contrario, puede ser la oportunidad para que las diferentes civilizaciones y culturas se comuniquen, dialoguen, discutan y se desarrollen en un ámbito natural, dejando como legado el ejemplo de cómo instrumentar el desarrollo sustentable no solamente de otros destinos turísticos existentes o que vayan a surgir, sino también de otros sectores económicos.






           
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Tratado Antártico. 1ro de diciembre de 1959, Washington, Estados Unidos.

“Turismo en Barrientos”. Trabajo elaborado por Ecuador. XXX Reunión Consultiva del Tratado Antártico, Nueva Delhi 30 de Abril a 11 de Mayo 2007.

XXX Reunión Consultiva del Tratado Antártico. (30/04 al 11/05, Nueva Delhi, India).



PAGINAS DE INTERNET CONSULTADAS

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www.bioetica.org
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www.tierradelfuego.org.ar
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http://alfinal.com/Antartida/aniversario.html
www.pprinciple.net
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[1] Diario Perfil, Suplemento Ciencia, “Menos ártico en menos tiempo. El hielo del Polo Norte se derrite tres veces más”. 01 de mayo de 2007.
[2] José Manuel de Cózar Escalante, “Principio de Precaución y Medio Ambiente”. Rev. Esp. Salud Pública 2005; 79: 134 N.º 2 - Marzo-Abril 2005, Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia. Universidad de La Laguna.
[3] Carmen Artigas, “El principio precautorio en el derecho y la política internacional”, CEPAL, División de Recursos Naturales e Infraestructura, Santiago de Chile, mayo de 2001.
[4] Shirley V. Scott. International and Comparative Law Quarterly (Vol. 50 October 2001). How cautious is precautious?: Antartic Tourism and the Precautionary Principle pg. 963/971.
[5] Articulo 7, Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Madrid, 1991). 
[6]  José Manuel de Cózar Escalante, “Principio de Precaución y Medio Ambiente”. Rev. Esp. Salud Pública 2005; 79: 138 N.º 2 - Marzo-Abril 2005, Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia. Universidad de La Laguna.
[7] Informe de la AEMA (Agencia Europea de Medio Ambiente). "Lecciones tardías aprendidas de alertas tempranas". El principio de Precaución 1896-2000. “Riesgo tóxico: Protección ambiental, salud laboral y seguridad alimentaria”. Universidad Complutense de Madrid, Curso de Verano. El Escorial, 30 de julio 2001.
[8]  “Pautas para aplicar el principio de precaución a la conservación de la biodiversidad y la gestión de los recursos naturales” (estas pautas han sido desarrolladas por el Proyecto del Principio de Precaución – una iniciativa conjunta de Fauna & Flora Internacional, la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), Resources Africa, y TRAFFIC). The Precautionary Principle Project sustainable development, biodiversity conservation and natural resource management, 2002/2005. www.pprinciple.net
[9] José Manuel de Cózar Escalante, “Principio de Precaución y Medio Ambiente”. Rev. Esp. Salud Pública 2005; 79: 135/137 N.º 2 - Marzo-Abril 2005, Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia. Universidad de La Laguna.
[10] Augusto Huéscar, Representante Regional de la OMT (Organización Mundial del Turismo) para las Américas, Fuente OMT. Datos junio 2006.
[11] Isidoro Vázquez de Acuña, Miembro de Número de la Academia Chilena de la Historia. “Don Gabriel de Castilla. Primer avistador de la Antártica”. www.ejercito.mde.es/mexterior/webantartida/.../GABRIEL DE CASTILLA.
[12] “Curso de Capacitación Antártica”, Dirección Nacional del Antártico – Instituto Antártico Argentino, Capitulo Geografía, Prof. Juana Negro, Buenos Aires, Argentina.
[13] www.adnmundo.com, “Antártida, la bellaza del lugar mas frío del planeta”, 19 de mayo de 2006.
[14] Asociación Tripulantes de transporte aéreo www.asociacionatta.com.ar
[16] www.educ.ar
[17] www.tierradelfuego.gov.ar
[18] www.adnmundo.com, “45 países debaten acerca del turismo en la Antártida”, 02 de Mayo de 2007.
[19] http://es.wikipedia.org/wiki/Antartida.

[20] www.terra.com.ar “Antártida: turismo en auge, pero cada vez más top”, 27 de febrero de 2007.
[21] XXX Reunión Consultiva del Tratado Antártico, Nueva Delhi 30 de Abril a 11 de Mayo. “The Case Against Tourism Landings From Ships Carrying More Than 500 Passengers”. Information Paper Submitted by ASOC. to ATCM XXX. Lead author: R. Roura.
[23] Mensaje de la XXX Reunión Consultiva del Tratado Antártico a las estaciones de la Antártida.    
[24] XXX Reunión Consultiva del Tratado Antártico, Nueva Delhi 30 de Abril a 11 de Mayo. “Environmental Impact of Tourism and Other Non-Governmental Activities in the Antarctic Treaty Area”. Trabajo elaborado por Nueva Zelanda.
[25] Carta del Presidente de la XXX Reunión Consultiva del Tratado Antártico al Gobierno de Chipre, 11 de mayo de 2007.
[26] Mensaje del Papa Juan Pablo II para la XXII Jornada  Mundial del Turismo, Vaticano 9 de junio de 2001.
[27] XXX Reunión Consultiva del Tratado Antártico, Nueva Delhi 30 de Abril a 11 de Mayo 2007. “IAATO Overview of Antarctic Tourism 2006-2007 Antarctic Season”. Information Paper Submitted by the International Association of Antarctica Tour Operators (IAATO), pg. 18.
es.wikipedia.org/wiki/Tratado/_Ant30atcm.ats.aq
El valor indudable de los para la diagnosis y terapia médicas significó que las cautelas se despreciaran, y se necesitaron varias décadas hasta implantar controles de la exposición de los trabajadores y del público. La historia de la protección a las radiaciones se ha caracterizado por la falta de precauciones a pesar de las lucidas advertencias desde su aplicación hasta ahora. Sólo ahora, más de 100 años después, la legislación recoge en forma estricta la protección a las radiaciones.
En 1898, los peligros serios por trabajar con fueron identificados. Las advertencias que siguieron se ignoraron y se necesitaron décadas para que las primeras regulaciones, vigilancias médicas y medidas compensadoras fueran establecidas en 1931. Se fue acumulando evidencias, pero sólo en 1969 se introdujeron nuevas regulaciones. Pero estas medidas no contemplaron los peligros .
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